Es una noche muy fría.
Tú, ahí en el banco,
temblando sin notar el frío.
Yo de pié frente a ti,
con la cara ardiendo.
Tú, tragándote las lágrimas,
me lanzas un desgarrador
“NO ME DIGAS ESO”.
Yo, recubierto por una tenue
capa de hielo que protege mi
interior,
doy media vuelta y me alejo
temblando.
Nunca podré olvidar el
momento en que me imploraste:
“NO ME DIAGAS ESO”
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada